viernes, 29 de junio de 2012

EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS - Estilización sonora.

EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS (1988)
Eva tomando el sol (Sabina/Varona) 5:47 – Besos en la frente (Sabina/Varona) 5:11 – ¿Quién me ha robado el mes de abril? (Sabina) 4:57 – Una de romanos (Sabina/Varona/Mora/Garcia de Diego/Cabezas) 4:49 – Juegos de azar (Sabina/Sanchez) 3:23 – Locos de atar (Sabina/Rodríguez/Martínez) 3:59 – Nacidos para perder (Sabina/Sánchez) 3:48 – Peligro de incendio (Sabina) 3:36 – Al ladrón, al ladrón (Sabina) 5:44 – Cuando aprieta el frío (Sabina/Prado/Varona)3:56 – Los perros del amanecer (Sabina/Varona) 4:14 – Rap del optimista (Sabina) 4:26.

Con Hotel, Dulce Hotel, Sabina había vendido 400.000 ejemplares, se había convertido en el artista más contratado de España y había explorado los territorios sudamericanos por vez primera. A pesar de semejante éxito, pateó el tablero una vez más y se planteó el siguiente disco como el comienzo de una nueva etapa. A mediados de 1987 Viceversa era un recuerdo. Sólo permanecería su líder, Pancho Varona, con quién Sabina forma la editora musical Ripio. Por su cuenta invierte en una sala de conciertos y en un sello independiente. Estaba ganando dinero. La propia CBS, desairada por su ida luego de Ruleta Rusa, publica una recopilación para aprovechar el momento.
Para Sabina la nueva obra era “más seria, menos comercial y con más sentido”. Musicalmente es un disco reposado, de tempo medio, con un sonido definido por el piano, un colchón de sintetizador, armonías femeninas y una instrumentación trabajada de modo escalonada, sumando instrumentos hasta alcanzar un clímax o acabar con la banda sonando a full. Es un disco más cohesionado que los anteriores, no solo por un sonido global sino por el concepto del “hombre del traje gris”, leit-motiv del álbum y símbolo del fracaso cotidiano que aparece mencionado en dos temas: Quien me ha robado el mes de abril y Nacidos para perder y, de modo indirecto en Peligro de Incendio. Trae una renovación de sujetos, aparecen el idealista, el compasivo, el nostálgico, el cronista. El disco fue producido y arreglado por el ya constituído “trío de oro”: (Sabina, Varona y García de Diego) más la asistencia de Luis Fernando Soria para lo primero y Javier Mora para lo segundo. Fue presentado en vivo el 9 de setiembre de 1988 en la Plaza de Toros de Las Ventas.
Tres temas: Nacidos para perder, Los perros del amanecer y ¿Quién me ha robado el mes de abril? habían aparecido previamente en la película “Sinatra” para la cual había compuesto la banda sonora y había participado en un pequeño papel.

Eva tomando el sol es de esos temas en que la perfección formal opaca cualquier otro atributo. La impresión es “qué turro, que bien hecho” y solamente después del asombro, percibimos la reflexión latente sobre la religión y el sexo y la arbitrariedad con que el poder determina a discreción lo bueno y lo malo. Aun cuando la historia es pretérita y clausurada, se trata de la celebración pareja más grande desde Rebajas de enero, aunque evidentemente es un modelo totalmente distinto y más cercano a lo que uno espera encontrar en un tema de Sabina.
Sabina vuelve a barajar los elementos del espacio bíblico y los recombina según las necesidades de su historia. Algunos aparecen invertidos (la víbora, por ejemplo, no es aliada sino oponente), Eva mantiene su rol transgresor y otros funcionan como metáfora del orden actual (ángel vengador = policía). Hay algunas contaminaciones simbólicas: ya no es sólo la manzana el objeto proveedor de la verdad sino también la droga (“Plantamos cañamones de ketama/Y un tiesto nos creció en el ventanal/Con una rama del árbol de la ciencia del bien y del mal”).
Que el sujeto que asuma como cantante (“Yo canto en la calle Preciados…”) acaso sea una marca del origen biográfico de la canción (una historia de okupas del período londinense). No será la primera vez que Sabina recurra a experiencias propias, como punto de partida para construir sus ficciones (el antecedente inmediato es Pacto entre caballeros).
Un capítulo aparte merece el aspecto enunciativo. Si bien se tratas de un tema en 3ª persona, las primeras estrofas presentan un alocutario que admite al menos dos lecturas:
1) por momentos apunta a Eva (“tú te llamabas Eva”, “tú freías las patatas”) y por momentos al oyente (“si no has estado allí no has visto el paraíso terrenal”), con lo cual este último es puesto en una situación de co – alocutario junto con la chica, como quien presencia una charla entre viejos amantes re-encontrados.
2) hay un único alocutario, el oyente, y esa 2ª persona es un lugar vacío que le permite al público femenino identificarse (de hecho le dice que nunca estuvo allí) y ponerse en la piel de Eva para imaginarse la heroína de una fábula hipotética.
La historia domina lo musical y avanza sobre la estructura de la estrofa hasta demorar el estribillo (mero requisito de la estructura de canción). La voz solista intercala versos en armonía con una voz femenina (que a menudo coincide con el “nosotros”). El fondo es suave, reposado, digno del paraíso.

Sigue Besos en la frente, casi una extensión del universo bíblico de Eva, con su mención del “manantial del pecado”. La reflexión sobre la apariencia y la esencia (“Paso de la falsa belleza igual que el sabio que no cambia París por su aldea”) entrelazada con la historia que presenta al personaje en plena situación (“me ha dejado marcado como un mapa de arañazos en la espalda”) parece resolver la oposición filosófica entre pensar y vivir. El sujeto que busca donde los demás no buscan (y cuyo lema podría ser “yo quise probar”) tiene su premio aquí y tendrá su castigo en El capitán de su calle, unos años más tarde.
Es casi el tema más fuerte del álbum, con arreglos de vientos y solo de guitarra aunque, atado al concepto de entrada paulatina de instrumentos, la banda demora su entrada hasta la segunda estrofa.

Bajando el clima, llega ¿Quién me ha robado el mes de abril?, un tríptico de historias de fracaso y alienación a la manera de Eleanor Rigby, en el cual Sabina echa un vistazo al mundo del hombre del traje gris, compadeciendo una suerte que, en lo personal, se ha encargado de conjurar: “En la posada del fracaso donde no hay consuelo ni ascensor/El desamparo y la humedad comparten colchón/Y cuando por la calle pasa la vida como un huracán…”. En este último verso, casi desapercibido, está la clave del problema. Es el que abre la puerta al exterior. El afuera es lo que buscó el Sabina que huía del destino premoldeado de miles de seres, del mismo modo que el esposo que huye del hogar “con una peluquera veinte años menor”. Una vez señalada la salida, hay una condena implícita a los que no se arriesgan, aunque para ello haya que romper un mundo (a menudo el ajeno).
La estructura musical rige al texto (cosa extraña en Joaquín), en especial ese estribillo rebalsado de nostalgia. Quizás por eso el solo de guitarra intenta ir a otra cosa, como para olvidar una tristeza que ni los sintetizadores ni las armonías femeninas del final se preocupan en mitigar. Arranca con una base de piano, guitarra, bajo y batería, luego del estribillo los sintetizadores comienzan a apropiarse del ambiente, que alcanza su clímax al comienzo de la 3º estrofa con la segunda voz alta.

Una de romanos-Juegos de azar forman un par aparte dentro del álbum. La continuidad –poco rigurosa- está dada por el tema del cine, asociado al sexo.
La primera rememora los tempranos escarceos sexuales de la adolescencia al tiempo que vuelve a abundar en referencias bíblicas (esta vez en coherente conjunción con el pasado represivo de la época franquista) generando una cohesión interna con los dos temas iniciales.
La frase controvertida: “Y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos”. ¿Cuándo es “después”? ¿Después de Franco? Imposible, eso sería desconocer los colores políticos de Sabina, aunque podría sugerir una crítica al gobierno socialista de Felipe González, del cual sí, buenamente, se esperaban cambios. (La misma reflexión aparece en Música para pastillas de los Redonditos, respecto del retorno a la democracia y el gobierno de Alfonsín: “los buenos volvieron y están filmando cine de terror”).
La otra interpretación, la que cierra filas con el ideario de Sabina consiste en considerar ese “después” como “después de la niñez”. En un tema donde lo rememorativo es estructural desde el comienzo mismo (“¿Has visto el ciclo en televisión del cine en tiempos de Franco?”) Sabina se apropia del contexto franquista-católico-represivo para resemantizarlo como el tiempo mitológico de la niñez y la entrada en la pubertad, a igual que los personajes de la canción se apropian el espacio del cine y lo convierten en lugar de placer sexual a pesar de la presencia de la ley: “Si un dedo acariciaba una pierna, un pecho, un sujetador/Bramaba la temible linterna del acomodador”.
La melodía es bastante particular: el puente, en lugar de saltar al lógico estribillo, vuelve sobre sus pasos. Hay un buen trabajo de la percusión y una guitarra y un piano muy sueltos aunque en general el clima musical es más uniforme.

La segunda es una historia de video clip tan inteligente como pasatista. Juegos de azar (y de sexo, se podría agregar). En verdad sólo tiene que ver con la anécdota; la letra, por el contrario, es un cálculo minucioso cuya efectividad reside en la economía del significante (“¿Cómo te llamas?” le pregunta el chico a la chica ¡en la segunda cita! definiendo en dos palabras el tipo de relación entre ambos). Es el reverso del mundo gris, la impronta del azar en ese destino-otro donde habita el sujeto básico del disco. El azar se opone al cálculo, al control, al traje gris, pero no siempre se presenta y cuando lo hace no hay que dejarlo pasar. El tema está guiado por el piano y destaca el saxo. Es un buen ejemplo de cómo muchos instrumentos pueden convivir sin generar caos.

Locos de atar fue escrita originalmente para los Viceversa, la banda de acompañamiento de Sabina. Intento de conjurar el alba y las obligaciones para obtener un ocio que no se emplea en la creación (eterno objeto de desvelo del artista) sino en el placer. Tiene ese toque de canción por encargo donde el mensaje se agota en el estribillo (“Diles que no piensas fichar/Pon el reloj a la hora de los locos de atar”). Acaso su mayor mérito haya sido proveer un primer borrador a la futura y genial Y si amanece por fin (que aparecerá poco después en Mentiras Piadosas). Más inconformismo que poesía, aunque con una sutil pincelada de ironía en la desmitificación de la figura de Dios: “La fuerza de la gravedad/del cielo nos exiliará/cuando subas la persiana” (después de todo, somos física y química ¿verdad?). El comienzo con duelo de piano y guitarra recuerda a Una de Romanos, el solo lo gana la guitarra. Hay un ostinato atractivo en una nota como fondo del estribillo.

En Nacidos para perder el sujeto cuenta como se alzó por encima del destino pálido de los miles de perdedores: “Soy del color de tu porvenir/me dijo el hombre del traje gris/No eres mi tipo le contesté/y aquella tarde aprendí a correr”. Eso no le impide recordar (y dotar así de voz en un acto prometeico) a todos aquellos que no han tenido la misma suerte: la mujer abandonada, la madre adolescente (dos víctimas del hombre) en la mitad restante del rompecabezas, ¿Quien me ha robado el mes de abril?, el otro tema que menciona el leit motiv del álbum. Es uno de los temas fuertemente autobiográficos de Sabina con frases como “El mundo a cambio de una canción/Me daba un plato, un beso, un colchón” o “la única medalla que me ha dado la vida/En el escenario la gané”.
Acaso no sea casual que se encuentre ubicado en mitad del álbum como una suerte de pivote que comunica aquí y allá: la mención de la niñez como espacio idílico (“Devuélveme al camino del sur/Al país de la niñez/Donde uno y uno sumaban tres”) lo relaciona con Una de romanos:
Nota: Lo interesante, para los que insisten en leer la biografía de Sabina en sus temas, es que éste jamás sintió nostalgia alguna por su infancia.
Es interesante señalar que una vez que la melodía abandona el motivo inicial ya no vuelve a retomarlo, salvo con variaciones en el estribillo rememorativo de los años grises, asimismo el solo de guitarra suena “a lo lejos“.
Hay un antecedente de este tema en El hombre de la calle.
La alineación es generacional, sistemática en Nacidos para perder (vuelta a idea fuerte de Inventario).

Con Peligro de incendio el álbum entra en su zona roja. Sabina recurre al procedimiento que mejor domina, la enumeración para generar un montaje de imágenes fragmentarias a la manera de un cuadro cubista o un calidoscopio de escenas eróticas y orgiásticas: “Hay un talón, un culo, una rodilla (…) hay una mano, un brazo, un hombro, un codo”.
“Hay unos dedos que me están quitando la chaqueta gris” dispara como al pasar agregando otro toque al concepto central del álbum.
Hay un ritmo rápido llevado por un bajo ansioso y mucho swing(er). Los instrumentos entran y salen del tema como clientes de un hotel.

Al ladrón, al ladrón (o el crimen como una de las bellas artes) es una nueva mirada sobre el mundo margina, infaltable en cada disco desde Qué demasiao! Relata la historia de un Robin Hood de ciudad en su etapa de decadencia: “Parece que por la artrosis de los nudillos/Se te resiste más de un bolsillo”. El robo tratado como una de las bellas artes. Sabina, que habitualmente exhorta al exceso puede al mismo tiempo censurarlo desde la propia experiencia, con autoridad moral: “Lo que era un arte, mierda de pico, está empezando a degenerar”.
La guitarra y los vientos (trombón y clarinete) van ganando terreno hasta adueñarse del clima serio. Lo interesante está en el trabajo vocal con la segunda voz puesta en lugares estratégicos.

Co-escrita junto con Benjamín Prado (lo cual hablando de Sabina equivale a decir que la letra no es enteramente suya), Cuando aprieta el frio tiene dos antecedentes celebres: Amigo mio (Joan Manuel Serrat; 1969) y If you see her say hello (Bob Dylan, 1974). En ambos casos hay un mensajero que viaja al lugar donde se halla la chica al cual se pide que se le envíen los mejores deseos y se cuide de ella. Sabina es un poco menos generoso y la reclama para sí: “Háblale de mi vida, las autopistas negras/que atraviesan volando mi terca soledad/Esa gente que pasa por la calle llevando/Mi pensamiento al otro lado de la ciudad”, dice, en un guiño autobiográfico. Suena un poco a la letanía urbana de Calle... y por momentos entra en las comparaciones de Así estoy yo sin ti. Digamos, nada realmente nuevo (incluso por momentos parece que se le hablara a la misma chica de Amores eternos, con el mismo tono meditabundo), pero introduce un clima musical diferente para esa altura de la obra: un ritmo agradable, un efecto de marimba y el bandoneón de Osvaldo Larrea que le da un aire tanguero que corta en buena medida con la liberalidad de la letra.

Los perros de amanecer pinta la hora tan temida por el nosferatu-amante-juergista, imposible de conjurar, salvo mediante la escritura. Un poco el precio que debe pagar el sujeto por haberse sustraído al mundo gris. Un corte sincrónico de la vida urbana donde la visión se filtra con una omniciencia de cámara oculta y canta intimidades inconfesables: “A la hora del primer despertador/Cuando entra al metro el exhibicionista/Y llora el eyaculador precoz/Y se masturba la telefonista”. Lo musical consigue reforzar el ambiente de desasosiego. La guitarra distorsionada crea un clima desapacible y el sintetizador le da un toque único y distintivo. Anuncia un fin de fiesta similar al de Hotel Dulce Hotel, en particular por el final inacabable. Es también el tema donde la banda se larga a la exploración sonora. Tiene una base de bajo en la onda disco-tecno. También el trabajo vocal es diferente, con recreaciones tímbricas permanentes.

Así las cosas, el Rap del optimista es una especie de bonus track, perfecto en su armado y su síntesis del periplo recorrido por miles de grupos, que van de la transgresión a la utilidad (“Hoy tocan el rap del optimista en vez del blues de la necesidad”). Acido, irónico, gracioso. Parodia del aspecto más comercial del rock. Al tiempo que Sabina critica el contexto general no por eso deja de desmitificar su propia imagen: “Al fin y al cabo lo único que pasa es que necesitaba componer (pa’ comer)/Una canción que terminara de una maldita vez este LP”. Por la excelencia de la estructura lírica uno lo ubica mentalmente en la etapa posterior a Física y Química.
Hay cambio de compás (de 4/4 a 2/4), un bajo reggae. Como si fuera poco inaugura la serie de temas en los cuales el final se desvía del tema principal y acaba dominando por varios compases mientras las capas de sonido y efectos proliferan.





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