viernes, 29 de junio de 2012

MENTIRAS PIADOSAS - Actualidad y cosmopolitismo.

 MENTIRAS PIADOSAS (1990)
Eclipse de mar (Sabina-Aute) 4:14 – Pobre Cristina (Sabina-De Diego-Varona) 4:29 – Y si amanece por fin (Sabina-Varona-Castillo) 4:36 – El muro de Berlín (Sabina-Asua-Nodar) – Mentiras Piadosas (Sabina)– Con un par (Sabina-Varona-Castillo) 5:13 – Corre, dijo la tortuga (Sabina-De Diego) 4:09 – Con la frente marchita (Sabina-Varona-De Diego-Castillo) 4:59 – Ataque de tos (Sabina) 3:32 - Medias negras (Sabina) 4:46 – Ponme un trago más (Sabina – De Diego) 4:10– A ti que te lo haces (Sabina – J. Martínez) 3:55.

La producción corrió a cargo de Pancho Varona, Antonio García de Diego y Sergio Castillo, a quienes se sumó Joaquín en los arreglos. El disco fue grabado en los estudios Eurosonic, de España y Round House de Inglaterra.
La formación básica estuvo a cargo de Pancho Varona y John Parsons en guitarra eléctrica, Antonio García de Diego en guitarras, teclado, armónica y vientos; Sergio Castillo en batería y programación rítmica; Tato Gómez, José Nodar, Marcelo Fuentes, Esteban Cabezas y el propio Antonio en bajo. José Luis Medrano, Antonio Barco Corchete, Alfredo Maiques, Andreas Prittwitz y Javier Paxariño se ocuparon de los vientos y Mercedes Doreste, Maisa Mens, Doris Cales de los coros. Otros músicos invitados fueron Jaime Asúa, José Antonio Romero, Raquel Giner, Javier Mora, Wally Fraza, Oswaldo Grecco y Javier Vargas.
Joaquín apenas participó tocando la acústica en Medias negras.

El Sabina que encara la creación de Mentiras Piadosas ya es una mega estrella en su país y lo está empezando a ser en Latinoamérica, compone para todos (desde Javier Gurruchaga a Sarita Montiel), brinda recitales en las cárceles, en apoyo de distintas causas y comulga con los partidos de izquierda. En lo personal acaba de perder a su madre (17 de abril de 1989) y de obtener el divorcio definitivo de su esposa, Lucia Correa, mientras forma pareja con Isabel Oliart, futura madre de sus hijas.
El disco fue presentado en un restaurante de Madrid el 16 de mayo de 1990
Este álbum es básicamente distinto a los precedentes y tiene poco y nada que ver con los venideros. En principio pareciera haber habido una operación de cálculo con un ojo puesto en el mercado: son temas que tiran al formato de simple (por el gancho melódico y la proliferación de coros femeninos) y que por lo tanto podrían funcionar aisladamente dentro de cualquier otro contexto.
El desairado hombre común del último disco aparece aquí reivindicado: los que están en los medios no son más felices ni mejores (Cristina Onassis) y el Don Nadie siempre tiene la chance de convertirse en héroe (El “Dioni” de Con un par); el propio Sabina se pone en la piel del ignoto (“El diario no hablaba de ti ni de mí). La mirada se torna más crítica, más seria, no hay tanto lugar para celebraciones.
Pero, si hay un signo que define Mentiras Piadosas es la recurrencia a la actualidad y el cosmopolitismo de los referentes (no hacía un año que el Muro de Berlín había caído), con lo cual, como en los collages vanguardistas hechos con papel periódico, su efimeridad quedaba asegurada más o menos un lustro después.
Sin embargo, este enfoque la valió más de una crítica: el genio poético de Sabina –decían- ya no abrevaba en la experiencia directa de la vida cotidiana sino en datos filtrados por los medios de comunicación. Como si esto fuera poco también hubo críticas en el sentido de que estaría volcándose a un sonido latino (en realidad hay un único tema, y uno de los mejores, Con un par, que tiene este tratamiento, por otra parte ampliamente justificado; en fin). Como remate, una mala perfomance en Las Ventas el 7 de setiembre de 1990 llevó a Sabina a plantearse su retiro. ¿Lo creen?
Musicalmente hay una vuelta a un sonido más limpio y fuerte de banda de rock, básicamente guitarra, piano, bajo y batería. Sin saturación de eco, ni preeminencia de sintetizadores. Los temas son lo suficientemente buenos conceptualmente para que no sea necesario mucho más. Inclusive los solos tienen un toque difuso, especies de puentes que llevan rápidamente al tema principal. La irregularidad métrica sugiere una gestación simultánea –la ideal- de texto y música. Es un sonido más personal, el de los discos anteriores estaba más ligado a su época.
Ah, es también el primer álbum donde Sabina empieza a dejar testimonio escrito (y cantado) de su novísimo romance con la Argentina.

La mirada a la actualidad se anticipa desde el tema de apertura, Eclipse de mar (de paso, uno de los que abrió el camino a Sabina en nuestro pais de la mano de Juan Carlos Baglietto). Une lo actual cosmopolita, omnipresente en el álbum, con la intimidad de la relación de pareja: París, Europa, Moscú pero también la alcoba. Se podría proponer que, si lo que ocurre afuera es malo (“...falló la vacuna anti-SIDA/(…) un golpe de estado ha triunfado en la luna y movidas así”), lo que ocurre intramuros es bueno. Una reivindicación del espacio íntimo (refugio ante los malos vientos) y del hombre común multitudinario, anónimo (¿de traje gris?), asumido como componente de lo oculto-cotidiano, muy en la línea de Detrás está la gente, de Serrat.
“Ay, amor, como siempre, el diario no hablaba de ti... ni de mí”. La idea del sujeto reclamando románticamente a los medios que se ocupen de su amor es de por sí lo suficientemente buena como para rellenar con noticias banales, pero Sabina hace uso de sus recursos poéticos (inversión lógica, exageración) para pintar una suerte de “waste land” mediático, una especie de “lectura irrealizada” a través del prisma deformante de la poesía. Los comienzos de las estrofas (“Hoy dice el periódico”, “Hoy dice la radio”, recuerdan los célebres versos de Lennon en A Day In the life (“I read the news today, oh boy”), otro tema catastrófico-profético.
La voz se mueve seria sobre una instrumentación sin batería (solo percusión) dominada por los arpegios de guitarra y piano. El sintetizador amaga a un solo que se diluye pronto. La mención de Dalí llama la atención sobre uno de los procedimientos que marcan la estética del álbum: el collage de imágenes efímeras.

Nota: El cine siempre ha sido un lugar idílico de encuentros inocentes y prohibidos (Juana la loca, Una de romanos, Juegos de azar). En eclipse de mar, en cambio los medios presentes son la TV o la radio y no hay romaticismo alguno, sino malas noticias.

Nota II: En la versión de Baglietto se encuentran estos versos inéditos: “Este cuarto sin medias ni besos/Este frío de agosto en los huesos como un bisturí” y “El otoño como una amenaza/El dolor de encontrar en las tazas huellas de carmín”.
Pobre Cristina enseña que los nacidos para perder no están en dependencia directa con el anonimato y la vida gris: “Era tan pobre, que no tenía más que dinero”. La frase, que resume el destino del personaje, la tomó Sabina de la propia Cristina Onassis en declaraciones a una revista. Más referentes provistos por los medios de comunicación y más actualidad (hacía poco que la rica heredera había fallecido de sobredosis en Argentina). El tema tiene algo de alegoría y de reivindicación de la vida común y corriente (“Vale más ser la hija de Fulano de Tal/Que la niña mimada de los ojos de Ari”) pero la mirada no es la del hombre común, sino la de alguien que conoce la realidad de la fama: “Solo yo sé que dice la pura verdad/Cuando jura que toda su fortuna daría…”. Un guiño biográfico, si se quiere. Una vez más, lo cosmopolita aparece con un signo negativo, en tanto hábitat del maltratado personaje: Grecia, Nueva York, Mónaco, etc. Algún verso ripioso (“Míralo en esa foto organizando un safari”) y otro altamente oportuno (“Con su cara de dólar ha amortizado varios maridos”) equilibran un texto llano y sin pretensiones poéticas (que por otra parte el personaje no amerita) a la manera de la crónica.
La banda se contiene mientras Sabina va desgranando los primeros versos (y al mismo personaje a medida que lo construye). Las guitarras en pleno precalentamiento anunciando el estribillo con segundas altas como gritos angustiados. El tema entra y sale del rock and roll sin perder tensión al son del distorsionador.

Llegamos a lo mejor del álbum: Y si amanece por fin es la versión acabadísima y definitiva del tema “sigamos follando más allá del amanecer” tan preciado por Sabina y ensayado previamente en temas como Locos de atar. Una vez más Sabina insiste en declarar el contexto de enunciación aludiendo al film Nueve Semanas y Media y sus estrellas, Mickey Rourke y Kim Bassinger, como forma de garantizarle sus canas a la canción aunque su atemporalidad está garantizada por una estrofa memorable: “La buena reputación/Es conveniente dejarla caer/A los pies de la cama/Hoy tienes una ocasión/De demostrar que eres una mujer/Además de una dama”. La conjura de la luz en relación con “comerse” al otro (“Se come con piel la manzana prohibida”) potencian el sesgo vampiresco del personaje erótico de Sabina. Un tema tranquilo con un colchón de sintetizador y dominado por el piano, la armónica y la guitarra, que trabaja los solos reforzando el clima existente, antes que saltando a un primer plano.

Con El muro de Berlín viene un nuevo salto a la primera plana. Sabina trasciende los pro y los contra inmediatos del hecho histórico y se instala en su simbología, alertando sobre sus inevitables consecuencias, una vez roto el equilibrio político este - oeste. Sabina se apropia de la mirada relativista y pragmática de los ´90 para satirizarla. De ese modo, lo que le quita al discurso del viejo militante de los 70´ (el del sujeto de Inventario) no es la denuncia, sino tan solo su patetismo. El sarcasmo humorístico y el buen rock and roll conjuran la posibilidad del tono pesimista. La mirada ante la debacle es irónica y superadora: “Y uno no sabe si reír o si llorar/Por lo menos que le pongan hash/A la pipa de la paz”. La visión de la gran aldea salta de oriente a occidente y suma nuevos nombres al Atlas geográfico: Moscú, Berlín, Nueva York, Hollywood, Bucarest. Hay un sonido seco, con la batería muy alta, típico de la new wave de los 80, arreglos de viento maso-maso y un solo de guitarra en el medio y al final. La estructura melódica es muy particular. El primer tema desaparece al promediar la canción, a partir de donde se alternarán octava media y estribillo.

Mentiras piadosas es una nueva intromisión en la alcoba, sin radio ni periódico, que suma nuevos axiomas a un discurso duro y frontal que Sabina irá construyendo sobre el amor: “la pasión, por definición, no puede durar”; “ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor” y “las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan/se marchitan cuando las toca la sucia rutina”. Como además es el tema que le da título al álbum, es inevitable relacionar al desmitificador sujeto con el Sabina enunciatario de la obra; a la chica que no soporta la verdad y necesita contención, con el público y a las once canciones como dulces mentiras. La función balsámica del arte. La estructura melódica es muy particular. El primer tema desaparece al promediar la canción. Un rock and pop ganchón y llevadero. Con un par (Tema de Dioni) es el verdadero “peso pesado” del álbum, con sus más de cinco minutos y su complejo armado estructural. Algo así como la historia de “uno que la hizo en grande pero a lo bestia”. Una vez más la variable del crimen como “bella arte” ya explorada en Al ladrón, al ladrón, del disco anterior, como forma de enfrentamiento a los valores hipócritas de lo “legal”. El personaje es lo más querible de la galería: “Y un jubileta añadía puestos a incordiar/Que Madrid te debería, primo, levantar/Un busto en plena Gran Vía a cargo popular/(...) y todo el mundo asentía”. La anuencia no sólo es de sus compadres, sino también del narrador: “La de noches que he dedicado yo a planear/Un golpe como el que diste tú con un par”, dice en un verso que le debe bastante a Mezo Bigarrena. Buena parte de la fuerza expresiva de Sabina reside en su habilidad para cargar a la historia con connotaciones oblicuas desde la descripción. En este caso el “Nariz a lo Indiana Jones…” ilumina la idea de aventura del relato, que, dicho sea de paso, está basado en un hecho real. De España a Brasil (Río, Copacabana), la mirada globalizada no afloja; sin embargo el lenguaje tiene una fuerte inflexión local, de “lunfa” madrileño, que redime un poco tanta estandarización.
Un ritmo de salsa que rompe con el estilo rock and pop del álbum. Aquí hay mucho piano y vientos que se acaban adueñando del ambiente.

Corre, dijo la tortuga marca un momento de profunda instrospección que contrasta con la textura mediática del álbum. Un homenaje al yo-otro y una mirada intimista por primera vez en lo que va de la obra. Podría haber nacido como un ejercicio de escritura sobre la base de la paradoja. Lo cierto es que la enumeración (“Corre, dijo la tortuga/Atrévete, dijo el cobarde/Estoy de vuelta, dijo un tipo/Que nunca fue a ninguna parte/Sálvame, dijo el verdugo/Sé que has sido tú, dijo el culpable”) configura una realidad absurda (como la de Eclipse de mar) ante la cual el sujeto se repliega sobre sí mismo: “Déjame solo conmigo, con el íntimo enemigo que malvive de pensión en mi corazón”. Es un tema de digestión lenta, tal vez por ser demasiado complejo en el planteo de dualidad-de-egos-que-todos-tenemos: “A ti te estoy gritando, a ti/Que estás metido en mi pellejo/A ti, que estas llorando ahí/Al otro lado del espejo/A ti, que no te debo/Más que el empujón que anoche/Me llevó a escribir esta canción”. Un buen ejemplo de lo autorreferencial no necesariamente autobiográfico.

El sintetizador se luce irrumpiendo en el estribillo, hay un buen trabajo de la guitarra y sobre el final tiene un solo más definido que los restantes temas. Eso sí, los coros hubieran necesitado otra toma. De Diego hace gala de un dominio melódico “in extenso”, que lo pone lejos de las bandas de rock y lo acerca al status de un compositor reconocido como tal.
El recorrido geográfico hace escala por primera vez en Buenos Aires en Con la frente marchita un sentido homenaje a los desaparecidos y sus Madres de Plaza de Mayo, (De paso, nos anotamos varios porotos en la galería de celebridades: Evita, Gardel, Borges, el “Che”). Relación de una pérdida, (¿homenaje a Lucia, su primera esposa, de nacionalidad argentina?) con leve sesgo de historia de desaparecidos, vuelos de la muerte incluídos (“Ojalá que estuvieras conmigo en el Río de la Plata”), aunque la historia no es totalmente clara por momentos. Da la impresión de que la chica desapareciera luego del fin de la dictadura. El bandoneón llega en el solo (bien secundado por el bajo) y se queda hasta la despedida final; la percusión es sutil en la melodía principal y con furia en el estribillo.

Ataque de tos es un rocanrol desintoxicante. Una broma pasatista con algún palito de pasada a lo institucional (en especial lo sacramental religioso). Con todo, la melodía es sumamente generosa para el género. La tos como una variable de mecanismo de defensa, que en otros casos revestirá otras formas (emborracharse en Carguen, apunten, fuego, el conjuro en La canción de las noches perdida, todas las poses de Manual para héroes y canallas.). El antecedente puede ser Incompatibilidad de caracteres: “Siempre que la quiero besar me lo impide un violento ataque de tos”. Tal vez el tono de comedia llevó a Sabina a desarrollar una historia alrededor de la frase. Pasa como una broma pero es más, aunque esté ubicado en un lugar desfavorable.

Con medias negras es una narración de ritmo sostenido en la cual el sujeto cuenta una historia de cazador-cazado: la chica que conquista y lleva a su cama termina desvalijándolo Un poco echar un cable a tierra a esa imagen autoconstruída de tipo ganador. Sabina lleva a su personaje hasta el límite de su arrogancia (“Y yo que nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer…”) para hacerlo caer al final. La intimidad con marginales (“Salí ayer del talego”) por una vez termina mal: “Estaba solo cuando/Al día siguiente el sol me desveló/Me desperté abrazando/La ausencia de su cuerpo en mi colchón/Lo malo no es que huyera/Con mi cartera y con mi ordenador…”, aunque hay que reconocer que el sujeto se mantiene fiel a sus creencias hasta último momento: “Peor es que se fuera/Robándome además el corazón”.
Es el momento más acústico del álbum. Típico de las canciones compuestas totalmente por Sabina: un estribillo retraído, ligera variación del tema central compensado con la magnífica historia que se cuenta.

Ponme un trago más y A ti que te lo haces, junto con Ataque de tos no figuran en la versión en LP editada en Argentina. Lo cierto es que “suenan” a bonus track y no parecen haber sido gestados con el resto de los temas, lo cual no les resta mérito artístico. El primero, justamente, es una auténtica joyita, un jazz de bodegón llevado con dejadez por el piano y los vientos, a la manera de la futura Canción de las noches perdidas. Aborda el tema de los “buenos borrachos”, que Sabina revisitará en Enemigos Intimos y anticipa la situación de “charla de bar” de Y nos dieron la diez, del siguiente disco. Impecable cabeza de ratón. El segundo tiene una onda slide-hawaiana que lo hace apto para un cierre calmo. Un homenaje a una mujer fuerte, de esas que le gustan a Sabina. Es un tema segundón, nada memorable, que funciona bien como cierra. Ah, hay una excelente guitarra.

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