viernes, 29 de junio de 2012

VOCES, DIÁLOGOS E INTERTEXTOS.


Un complemento de lo narrativo es la presencia de diálogos. La tradición española lo ubica como elemento recurrente en el romancero y como homenaje sabiniano aparece en Romance de la gentil dama y del rústico pastor (1978).
Está presente en las historias: Medias Negras (1990), Y nos dieron las diez (1992) y Pero qué hermosas eran (1999) intercalan diálogos de modo natural. En No soporto el rap (1996), las voces, cantadas por diferentes personas, subrayan este procedimiento
Pero Joaquín va más allá y algunas de sus canciones están estructuradas como diálogos puros: Círculos viciosos (1980), de Mucho Sabina es el mejor ejemplo. Siguen en orden de “pureza” Ciudadano cero (1985) donde encontramos voces de testigos en plena declaración (emulando a Dylan en Who killed Davy Moore?, aunque en la segunda parte aparece un narrador dominando la escena) y Peor para el sol (1992), donde el diálogo es la modalidad preponderante, generando –al mezclase con la narración- distintas percepciones en el escucha, distintos puntos de vista; se le muestra y luego se le oculta estableciéndose otro tipo de mediación debido a este proceso de materialización y desvanecimiento del narrador. Como te digo una co, te digo la o (1999), de 19 Días y 500 Noches, podría considerarse un diálogo aunque en realidad es un glorioso monólogo que echa mano al recurso del interlocutor.

Más allá de estos casos, las letras de Sabina están pobladas de voces que ingresan al texto de modo directo, entrecomilladas, y tienen la entrada permitida en el momento que sea: en medio de una descripción, una argumentación o una enumeración de imágenes.
Son voces de transeúntes, parroquianos de bar, amantes y amados, ladrones, drogones y prostitutas. En temas como Caballo de cartón (1984) se asemejan al sonido en off de los documentales. En Malas Compañías (1980) y Ruleta Rusa (1984) aparecen voces opuestas: marginales unas, conservadoras otras (“ten cuidado” es una frase recurrente de las “voces de la razón”)

Un rasgo propio del artista de masas es la utilización de un lenguaje standard que facilite la recepción del mensaje en detrimento de su autenticidad (¿donde está lo español sino en las marcas propias: “tío”, “coño”, “chaval”?). Cualquiera que quiera dejar testimonio del lenguaje de su pueblo no le hará asco a las jergas propias del éste. Curiosamente Sabina sólo parece apartarse de esta regla de oro del artista popular en el primitivo Inventario (1978), tal vez por ser un artista sin un público masivo, tal vez por una necesidad de dejar testimonio claro y sin ambigüedades. Lo cierto es que aquí hay muy pocas marcas, exceptuando Tango del quinielista y Mi vecino de arriba, el resto de las canciones sintonizan un lenguaje neutro que ya no estará presente a partir de Malas Compañías (1980), donde el sujeto abandona el mandato revolucionario de los hijos de la República para ubicarse en medio de la noche madrileña (Todos menos tú, 1992; es un ejemplo cabal de ésto). Aquí Sabina empieza a hablar más suelto y en el caso de los temas sobre marginales (Que demasiao, 1980; Pacto entre caballeros, 1987; Con un par, 1990) el slang se vuelve un elemento clave en la conformación de la representación: se canta a los marginales en su propia lengua.
Homenajes a Buenos Aires (Cuando me hablan de destino, 2002), Cuba (Ya eyaculé, 2002), la España de mediados de siglo (De purísima y oro, 1999) presentan un idioma poblado de localismos. Las intromisiones de otras lenguas (francés , inglés) son comunes al discurso sabiniano.
En Que demasiao! Sabina construye al personaje recurriendo a su propia jerga
Intertextos.
Son numerosos y muy variados, como ejemplo citamos los algunos:
a) con el relato de hadas: “la rana esconde un príncipe encantado”, “vestir de azul al príncipe gris”, “las chavalas ya no quieren ser princesas”, "el príncipe azul era un importor". En Bruja aparecen la bruja, la reina y el príncipe. El príncipe azul reaparece en Como decirte y Dieguitos y Mafaldas. En Caballo de cartón (1984) Sabina se reserva el papel de príncipe que rescata a la princesa.
b) con el mundo hollywoodense: el cow boy y la bailarina del salón (Por el túnel, 1984); Rita Hayworth y New York (Tan joven y tan viejo; 1994) el mundo Disney (la Cruella de Ville de Medias Negras, 1989). Marilyn en Pisa el acelerador (1980).
c) con la Biblia: la sendas tematizaciones de Eva tomando el sol (1987) y Lázaro (1998), el Caín de La vida moderna (1998) y Los cuentos que yo cuento (1990). En temas inéditos: Babel, en Al otro lado del Eden.
d) con la literatura, ya sea autores, géneros o movimientos. La frase “donde regresa siempre el fugitivo” de Pongamos que hablo de Madrid (1980) le debe alguna inspiración a Baudelaire. Quevedo resuena en Como en Chicago. La literatural policial aparece en Semana Negra semos diferentes. El romanticismo, por su parte es uno de los discursos más parodiados. Ya desde Tratado de impaciencia (1978), donde la presencia de lunas personificadas y metáforas en base a pájaros quedan desmerecidas por la presencia de la ironía.
e) geográficos: Buenos Aires y su cultura en Con la frente marchita, Palos de ciego y La Biblia y el calefón (1999); el Mexico de la primera mitad del S. XX en El boulevard... En Enemigos íntimos (1998) conviven Madrid y Buenos Aires.

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